En sus tiempos libres elaboraron simples, pero bellos instrumentos de pesca,
como por ejemplo: anzuelos de conchas y cactáceas, pesas líticas y tejidos de malla. Además se convirtieron en hábiles tejedores de junquillos
manufacturando cestería y esteras para usos múltiples.
Sin embargo, uno de los aspectos culturales más interesante de Chinchorro fue su complejo sistema funerario. Alrededor de 7.000 años atrás
estos pescadores comenzaron a momificar artificialmente a sus muertos, práctica cultural que perduró por 3.500 años, y su epicentro cultural fue
el área de Arica-Camarones.
La preparación del cuerpo para la otra vida fue una creación a veces increíblemente sofisticada. Los cuerpos eran completamente desarticulados
para ser posteriormente reensamblados.
Recreación artística de la elaboración de una
momia de preparación complicada de la Cultura Chinchorro (Dibujo de R. Schlecht).
Los pescadores Chinchorro desarrollaron varios estilos de momificación a través
del tiempo, tales como; momias negras, momias rojas y momias con pátina de barro.
Las momias negras son las más antiguas y las más complejas, este estilo que comenzó 7.000 años atrás perdura por casi dos milenios. Las momias
negras eran cuerpos reensamblados casi como una estatua. Es decir, un cuerpo rígido, con una estructura interna confeccionada con palos, cuerdas de
totora y una pasta de ceniza para el modelado del cuerpo. A menudo la piel, era reemplazada con piel de lobo marino cuando la propia era insuficiente.
Al final, los preparadores fúnebres pintaban el cuerpo con una pasta negra de manganeso, de allí su nombre de momia negra.
En comparación, las momias rojas se realizaban sin una gran destrucción del cuerpo. En general, los órganos eran removidos a través de incisiones.
Para proveer rigidez al cuerpo se deslizaban maderos puntiagudos debajo de la piel y luego las cavidades eran rellenadas. También le añadían al cuerpo
una larga peluca de pelo humano que aseguraban con un casquete de arcilla.
Momia de niño con pátina de barro, sobre un armazón de madera que
fue utilizado para su traslado (Foto de E. Ferorelli)
Después de cerrar las incisiones el cuerpo era pintado con ocre rojo y a menudo la cara era pintada de negro. En algunos casos la piel era repuesta
en forma de vendajes. Este estilo rojo aparece cerca de 4.000 años atrás y perdura por casi 500 años. Después del estilo rojo, las técnicas de momificación
se simplifican, los cuerpos comienzan a ser simplemente cubiertos con una pátina de barro, como cemento, lo que ayudaba a prevenir la descomposición del cuerpo.
Este estilo con pátina solo duró un par de siglos.
Momia del tipo rojo (Sitio: Morro 1)
(Foto de E. Ferorelli)
A pesar de que las poblaciones Chinchorro eran pescadores sencillos, sin conocimiento de la cerámica, la agricultura o el tejido a telar, su vida religiosa
y espiritual debe haber sido muy compleja como lo demuestran sus prácticas funerarias. Ellos veneraban los cuerpos momificados de sus ancestros. En las culturas
posteriores como por ejemplo en la del imperio de los Incas, también se veneraba a los cuerpos desecados de los ancestros.
Esquema de la tipología de Momias Chinchorro: De izquierda a derecha, negro,
vendada, roja y con pátina de barro (dibujo de B. Szuhay).
Para los Incas las momias eran consideradas Huacas o entes poderosos que tenían el poder de dar fertilidad, buenas cosechas y felicidad. Las momias conectaban
el mundo real con el sobrenatural.
Los Chinchorro no desaparecieron misteriosamente, sus descendientes continuaron viviendo y floreciendo en la costa del Pacífico, lo que si cambió fue la
complejidad de su sistema político y social, y además hacia 1.700 años antes de nuestra era Cristiana abandonaron la práctica de la momificación artificial.
En el sistema funerario de las poblaciones post-Chinchorro los cuerpos eran enterrados en una posición flectada y se momificaban naturalmente debido a la acción
desecante del clima seco del desierto. Sin embargo, la momificación natural o artificial evidencia que la preocupación por la muerte y el más allá, ha tenido una influencia poderosa
en la vida cotidiana de las culturas pre-hispánicas
Sala Chinchorro, Museo Arqueológico San Miguel de Azapa.